Cuando Jesús tomó tu lugar


Él tomó tu lugar

Era la madrugada de aquel extraño día…  el frío calaba hasta los huesos, la oscuridad aún se posaba en aquel sitio, aunque en realidad era poca la luz que allí entraba al llegar la mañana, pues un pequeño halo se colaba por una rendija milimétrica de la puerta de hierro forjado de aquella asquerosa celda.

Hacía varias semanas que le habían atrapado, y todavía se condenaba por haber estado aquel día en ese mercado sin cuidarse la retaguardia. Ser un rebelde le había cobrado caro la factura, porque ahora solamente le restaba esperar el día de su ejecución.  Cada mañana que aquel destello de luz volvía a aparecer por aquella diminuta rendija de la puerta, el miedo de morir volvía a sus pensamientos, su corazón empezaba a palpitar su nerviosismo, y su respiración se entrecortaba al ritmo de su desazón.  A veces recordaba aquellos hombres que sin vacilar había mandado al otro mundo… era algo que no podía quitarse de la mente, aquellos rostros volvían y volvían como imágenes claras de gente que tal vez –pensaba él –tenían hijos que él había dejado en la orfandad… no podía comprender cómo él siendo tan fuerte, ahora se dejara traicionar por esos pensamientos. 
Pero en realidad lo merezco –se decía a cada instante –volviendo a recordar aquellos hombres y sus rostros. 
Nunca pensé que este fuera mi final, tal vez… si pudiera comenzar de nuevo… o si alguien me diera otra oportunidad… pero…  ya no hay vuelta atrás –cavilaba rozando con sus dedos su cabeza mientras la movía como péndulo –he sido un ladrón, estafador, mentiroso y asesino… eso es todo.

Unos pasos a lo lejos, se oyen súbitamente –no es hora de comer –pensó, mientras el corazón se le aceleraba de improviso… ¿era posible que hubiera llegado su hora?  …La muerte más infame inventada por el hombre, le esperaba allá en el monte.  Su vida pasó como película en su mente, desde el recuerdo más lejano hasta el presente… hoy era el día de su muerte.

Es cuando vemos que la llama de la vida se extingue en un momento, cuando ya no hay más que un corto aliento y que el corazón sabe que no hay más tiempo… cuando abrimos nuestros ojos de momento y nos damos cuenta que somos hábiles en desperdiciar el tiempo.  ¿Qué somos? ...un solo soplo… un suspiro en el viento… y vemos la importancia del instante como un urgente sentimiento.

¡Barrabás! ¡Barrabás!  Chilló una horrible voz desde el corredor de aquella mazmorra…  ¡Barrabás! ¡Barrabás!  Insistió de nuevo, acrecentando la inquietud de aquel hombre de alma y vestido harapiento. 
Barrabás se levantó de aquel asqueroso piso preparándose lentamente al infortunio.  Las llaves cascabelearon al ritmo del pulso de aquel hombre; la puerta chirrió… de pronto un destello de luz cegó sus ojos, la silueta de un hombre se acercó hacia él balbuceando algo incomprensible.  
¡Barrabás! –dijo nuevamente aquel soldado –no lo vas a creer –se calló por un momento como preparándose para hablar, mientras Barrabás se imaginaba las palabras que vendrían en seguida.

¿Recuerdas a Jesús el nazareno? …el preso de al lado…aquel que trajeron hoy por la madrugada      –esperó otro momento como para tomar aire y hablar y dijo –ÉL TOMÓ TU LUGAR.
Tu cruz ya estaba preparada, diseñada especialmente para ti …hoy dentro de un momento ibas a ser crucificado, tu muerte estaba decidida… pero algo sucedió …algo incomprensible, inaudito …ese hombre simplemente llegó listo para ir en tu lugar …no se defendió …solamente… –calló por un momento tragando saliva, como si hubiera recapacitado en aquello que estaba diciendo –solamente… Él TOMÓ TU LUGAR… Él… TOMÓ… TU LUGAR.

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