La parte buena de todo



La parte buena…


Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:41-42

Qué molesta estaba Marta porque María haraganeaba cuando ella trabajaba…  era el colmo de la pereza que no se dignara en atender a los invitados, ¡era cuestión de “responsabilidad”!   

Sin embargo, hay ocasiones que aquello que parece pereza o haraganería, está conforme a la voluntad de Dios para nuestras vidas y hay momentos en que la responsabilidad y diligencia, se oponen totalmente a sus deseos.   Para todo hay tiempo, dijo el sabio Salomón… hay tiempo de descansar de tus tareas diarias, tiempo de dejar a un lado las responsabilidades, tiempo de sentarnos a los pies de Jesús, tiempo de recostarnos en las faldas del Maestro… y ese tiempo es la buena parte de todo.

Porque no hay lugar más importante, no hay mejor sitio donde podamos estar, no hay tiempo que tenga más valor que este, no hay momento tal como aquel cuando descansamos en Su regazo.

Podremos ser las personas más responsables y sentarnos con los reyes y los poderosos de este mundo… podemos ser más hacendosos que cualquiera, teniendo impecable nuestras casas y lugares de trabajo… podremos ser diligentes como nadie, trabajando de sol a sol los 365 días de la semana y por ello ser ascendidos en nuestros puestos de trabajo, tener éxito en los negocios y todo aquello que emprendamos, pero si no tomamos tiempo para hacer lo que verdaderamente es importante, de nada nos sirve.

Jesús dijo: sólo una cosa es necesaria: y esta es descansar a Sus pies.





al que más se le perdona, más ama



Al que más se le perdona...


Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama Lucas 7:47 

En el mundo hay muchas personas que tal vez no hayan llegado a ser adúlteras, prostitutas o asesinas simplemente porque no tuvieron el valor de hacerlo.  Pero aunque nunca llegaron a consumar su maldad, el pecado nació en su corazón por medio del odio, el rencor, la envidia, la avaricia, y la lujuria. El problema es que a falta de consecuencias dolorosas, viven con la conciencia tranquila y nunca podrán amar al Salvador, pues no han tenido la oportunidad de conocer en carne propia ese momento en el cuál se está a punto de ser echado en el fuego eterno y de pronto como por obra de milagro llega oportunamente el Redentor y con un gesto maravilloso extiende su mano de misericordia y le rescata en el mismísimo momento cuando ya se estaba consumiendo entre las llamas.

Para ser perdonados, debemos arrepentirnos… pero para arrepentirnos, debemos haber entrado en ese momento en que la tristeza te retuerce el alma, las llamas del infierno te consumen y te llama a lamentar la maldad de tu corazón, haciéndote sentir culpable hasta clamar por el perdón…  ese momento en el que aquella mujer no paraba de llorar lavando los pies de su Señor… ese momento en el que pudo conocer la misericordia del buen Dios, conocer la libertad de aquella situación, sintiéndose agradecida a tal punto de lavarle los pies con las gotas de su llanto y usar de toalla sus cabellos.

Porque al que se le saca de las llamas del infierno, jamás dejará de agradecer… al que se le perdona en el momento de conocer de su sentencia, jamás dejará de amar a aquel que le ha dado salvación.  

¿Cuánto amamos al Señor?
¿Cuán agradecidos estamos de su eterna salvación?

Entre más nos reconozcamos pecadores, más aprenderemos de cuánta misericordia usó para nosotros el Señor, y más amaremos al precioso Redentor de nuestras vidas.  






Jesús tomó tu lugar

Jesús tomó mi lugar

recordando por estos días aquello que escribí hace algún tiempo acerca de Barrabás y su liberación
Él tomó tu lugar

Era la madrugada de aquel extraño día…  el frío calaba hasta los huesos, la oscuridad aún se posaba en aquel sitio, aunque en realidad era poca la luz que allí entraba al llegar la mañana, pues un pequeño halo se colaba por una rendija milimétrica de la puerta de hierro forjado de aquella asquerosa celda.
Hacía varias semanas que le habían atrapado, y todavía se condenaba por haber estado aquel día en ese mercado sin cuidarse la retaguardia. Ser un rebelde le había cobrado caro la factura, porque ahora solamente le restaba esperar el día de su ejecución.  Cada mañana que aquel destello de luz volvía a aparecer por aquella diminuta rendija de la puerta, el miedo de morir volvía a sus pensamientos, su corazón empezaba a palpitar su nerviosismo, y su respiración se entrecortaba al ritmo de su desazón.  A veces recordaba aquellos hombres que sin vacilar había mandado al otro mundo… era algo que no podía quitarse de la mente, aquellos rostros volvían y volvían como imágenes claras de gente que tal vez –pensaba él –tenían hijos que él había dejado en la orfandad… no podía comprender cómo él siendo tan fuerte, ahora se dejara traicionar por esos pensamientos. 
Pero en realidad lo merezco –se decía a cada instante –volviendo a recordar aquellos hombres y sus rostros. 
Nunca pensé que este fuera mi final, tal vez… si pudiera comenzar de nuevo… o si alguien me diera otra oportunidad… pero…  ya no hay vuelta atrás –cavilaba rozando con sus dedos su cabeza mientras la movía como péndulo –he sido un ladrón, estafador, mentiroso y asesino… eso es todo.
Unos pasos a lo lejos, se oyen súbitamente –no es hora de comer –pensó, mientras el corazón se le aceleraba de improviso… ¿era posible que hubiera llegado su hora?  …La muerte más infame inventada por el hombre, le esperaba allá en el monte.  Su vida pasó como película en su mente, desde el recuerdo más lejano hasta el presente… hoy era el día de su muerte.
Es cuando vemos que la llama de la vida se extingue en un momento, cuando ya no hay más que un corto aliento y que el corazón sabe que no hay más tiempo… cuando abrimos nuestros ojos de momento y nos damos cuenta que somos hábiles en desperdiciar el tiempo.  ¿Qué somos? ...un solo soplo… un suspiro en el viento… y vemos la importancia del instante como un urgente sentimiento.
¡Barrabás! ¡Barrabás!  Chilló una horrible voz desde el corredor de aquella mazmorra…  ¡Barrabás! ¡Barrabás!  Insistió de nuevo, acrecentando la inquietud de aquel hombre de alma y vestido harapiento. 

Barrabás se levantó de aquel asqueroso piso preparándose lentamente al infortunio.  Las llaves cascabelearon al ritmo del pulso de aquel hombre; la puerta chirrió… de pronto un destello de luz cegó sus ojos, la silueta de un hombre se acercó hacia él balbuceando algo incomprensible.  
¡Barrabás! –dijo nuevamente aquel soldado –no lo vas a creer –se calló por un momento como preparándose para hablar, mientras Barrabás se imaginaba las palabras que vendrían en seguida.
¿Recuerdas a Jesús el nazareno? …el preso de al lado…aquel que trajeron hoy por la madrugada      –esperó otro momento como para tomar aire y hablar y dijo –ÉL TOMÓ TU LUGAR.
Tu cruz ya estaba preparada, diseñada especialmente para ti …hoy dentro de un momento ibas a ser crucificado, tu muerte estaba decidida… pero algo sucedió …algo incomprensible, inaudito …ese hombre simplemente llegó listo para ir en tu lugar …no se defendió …solamente… –calló por un momento tragando saliva, como si hubiera recapacitado en aquello que estaba diciendo –solamente… Él TOMÓ TU LUGAR… Él… TOMÓ… TU LUGAR.

Carga la cruz



¡carga la cruz!


Esa mañana el sol aparecía tímidamente por el horizonte, mientras aquel hombre caminaba por las calles vacías de Jerusalén…   de pronto, su rostro tosco y endurecido por sus constantes viajes del desierto, se quedó asombrado de la multitud que empezó a juntarse en aquella calle que llevaba al Cerro de la Calavera, tal parecía que toda Jerusalén se había levantado para ver algún acontecimiento de suma importancia en ese día, así que dejó de caminar y con curiosidad de extranjero se agregó a aquel gentío.  Tomó su lugar pensando –me colocaré en uno de los mejores puestos para ver aquel desfile.  Y así lo hizo, esperando con curiosidad.

Lo soldados empujaban hacia los lados aquella aglomeración, mientras a lo lejos se oía una mezcla de gritos, lamentos y carcajadas, haciendo una extraña algarabía que se acercaba poco a poco.

Tratando de distinguir lo que venía, pudo observar unos troncos de madera que se asomaban en la esquina…  sin entender aún aquel  evento, dio unos cuantos empujones, colocándose para ver más y más de cerca.  


El cuadro que veía era terrible, aquellos maderos eran cargados por unos pobres sentenciados, que eran azotados sin clemencia, pero dentro de estos había uno en especial que le llamó mucho la atención, ya que era motivo de las burlas de la gente, a quien los soldados se empeñaban en romperle hasta el pellejo, venía ensangrentado y golpeado como nadie, cargando aquel pesado tronco de madera…  parecía algo sin sentido, ese hombre estaba siendo flagelado sin tan solo un poco de clemencia 


Todavía se encontraba boquiabierto y espantado, y viendo cómo se acercaba aquel pobre desahuciado, distinguiendo el grito de la gente que pedían le clavaran en la cruz; cuando de pronto un soldado se detuvo un minuto observando alrededor, como buscando algo… y fijando sus ojos en él por un instante, le señaló gritando –tú, ¡ven… y carga la cruz!

Aquel varón extranjero de Cirene, Simón, el gentil que llevó la cruz del Señor Jesús, compañero de los padecimientos del Mesías, jamás olvidaría aquel acontecimiento, porque aunque no sabía mucho del maestro, a partir de allí nunca dejaría de preguntar de Él. 

Hoy… el Señor te pide que le acompañes a llevar la cruz, y que cargues con Él aquello que lleva sobre sus hombros para salvar la humanidad.