Pidiendo hasta recibir la respuesta


Pedir sin desmayar.

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre,  y no desmayar, (Lucas 18:1)

Lucas 18:1-8.
En esta parábola vemos a una mujer pidiendo y volviendo a pedir hasta el cansancio la misma cosa, a aquel juez injusto, dándonos a entender que no debemos darnos por vencidos en la oración.

¿Quién dijo que había que pedir solamente una vez?
El Señor Jesús nos insta a meternos en oración constante, repetir la oración hasta recibir una respuesta de nuestro buen Dios.

¿Quién dijo que pedir una vez era cuestión de fe?
La fe es pedir hasta recibir una respuesta, aceptando con gozo ya sea un "si" o un "no" de nuestro Padre Celestial.

¿Quién dijo que pedir más de una vez es faltarle el respeto a Dios?
Jesús dijo que haría justicia a sus escogidos, que claman a él "día y noche" (Lucas 18:7)

Dios escucha la oración de aquellos que piden, sin embargo, alguien que deja de pedir, se ha dado por vencido en la batalla, ¡pidamos hasta recibir la respuesta!. 

Cuando necesitemos algo de nuestro Dios "clamemos día y noche" y no desmayemos, porque no tardará en responder.

El hermano del hijo pródigo



La bendición de no alejarse...

(Lucas 15:11-32)
Siempre había tenido cierto rencor contra su hermano menor, que había sido el consentido de papá desde que tenía uso de razón… no entendía el porqué de tal favoritismo; ¡era injusto! Se decía.  Papá le perdonaba mil y una malcriadeces, y él aunque se esforzaba para darlo todo, nunca sentía que era suficiente; su hermanito como siempre se salía con la suya cada día, y esta situación le parecía insoportable. 
  
Toda la vida había sido así… pero hoy ¡había sido el colmo!… el dinero que les había heredado su papá lo había malgastado en juergas y alborotos. 
Acertadamente lo había anticipado; ese muchacho acabaría mal y en merecido desenlace… al fin… la justicia había actuado con firmeza.  

Sin embargo, ese día al llegar a la casa de su padre, oye música de alegría y de fiesta… era él, que descaradamente había regresado sin vergüenza… papá le había cocinado un cabrito de los buenos, anillo de oro había puesto en su mano y zapatos nuevos a sus pies…
 ¿Hasta cuándo cambiará esta situación? ¿Hasta cuándo mi papá no aprenderá? ¿Hasta cuándo? Cuestionaba lamentándose…  si hace tiempo que vengo esforzándome para darle a papá satisfacción… ¿Hasta cuándo? Si sus reglas con esfuerzo hago siempre negándome en dolor.  Soy bueno y otra cosa yo merezco, replicaba con coraje… ¿hasta cuándo? La injusticia que me arde hasta el fondo de mi pobre corazón, sentirá  lo amoroso de aquel padre vuelto en contra como clavos que penetran a mi alma con desdén…  ¿Hasta cuándo? ¡Padre mío!... ¿Hasta cuándo? 

¡Hijo mío! –dijo su papá…  aún no te enteras que vivo para ti… No te has dado cuenta que todo lo que tengo te lo doy… No has podido ver que el esfuerzo de mis manos multiplica a tu cuenta…   Te enojas porque a aquel me ha tenido un momento, ¡solo un momento!… y un poco de lo mío le comparto con amor… y no te fijas en que cada cosa que yo tengo es tuyo en verdad, y mi tiempo está dispuesto para contigo siempre estar.  Y sobre todo… El muchacho ha perdido aquello que nunca más recobrará.

En aquellos tiempos en que vemos cuando otros reciben un momento de deleite del Señor, y el minuto de un abrazo de perdón, lágrimas en su contrito corazón… un cabrito… ¡un milagro del Creador!... en aquellos momentos que quisiéramos vivir esa experiencia en emoción… no olvidemos que no tenemos que alejarnos para ver la grandeza del buen Dios.

Si un día te alejaras del Todopoderoso, con brazos abiertos esperándote siempre allí estará, como un padre de amor y gran misericordia, fiesta en cada pecador arrepentido Él hará. Pero sobre todo nunca olvides que aquellos que se alejaron perdieron algo que jamás recobrarán.

Cada pecado que hacemos nos aleja del Señor, cada vez que nos desviamos ofendemos al buen Dios… y cada vez que transgredimos perdemos algo que jamás podremos reponer.

Velando por el prójimo

No mirando solo por nosotros mismos.

No mirando cada uno por lo suyo propio,  sino cada cual también por lo de los otros. Filipenses 2:4.

Un ser humano dificilmente piensa en otra persona antes que en él mismo, el beneficio propio es primero. El instinto de conservación se antepone al interés común.  Amamos a nuestros padres y a nuestros hijos entregándonos de tal manera que hasta nos quitamos el pan de la boca para dárselo a ellos, sin embargo, es el deseo de nuestro Dios que amemos a nuestro prójimo tanto como a nosotros mismos, cuidando de ellos tal como cuidamos de nuestras familias. 

Pero Dios nunca nos pediría algo que Él no hubiera hecho en nuestra condición humana, por lo tanto hecho hombre puso Su vida como ejemplo de amor y entrega, dejándose crucificar, negando Sus derechos y sufriendo un castigo inmerecido, pensando en nosotros antes que en Él, para que nosotros le imitemos, dejemos de pensar en nosotros mismos y empecemos a tener consideración por aquellos que nos rodean, soportándoles sus debilidades y ofensas y entregándonos en sacrificio por sus vidas.

Abramos nuestros ojos a las necesidades de nuestro prójimo, démosle una mano, velemos por el bien de los demás, así como velamos por nosotros mismos y entonces nos pareceremos más a Jesús nuestro propósito mayor.

El morir es ganancia



Detrás de la muerte está el premio mayor

Porque para mí el vivir es Cristo,  y el morir es ganancia. Filipenses 1:21.

Según el pensamiento humano natural, morir nunca será algo bueno.  El optimista puede aceptar cualquier cosa en la vida como un trampolín para un bien mayor, pero a la muerte jamás le encontrará un argumento confortante.   Normalmente La muerte es triste, deprimente, y frustrante; es la razón más poderosa de nuestras lágrimas y por supuesto… una pérdida total; sin embargo, para el apóstol Pablo, morir era “ganancia”.   

Cuando Pablo estaba a punto de morir aseguró que le estaba guardada una corona de justicia,  la cual le daría el Señor, juez justo, en aquel día;  y no sólo a él,  sino también a todos los que amen la venida de Jesucristo (2Timoteo 4:8). Porque el premio mayor está detrás de la cortina de la muerte.  Y es que en el cristianismo el mundo se ve al revés de lo natural, porque el cristianismo es “sobrenatural”,  no es un conjunto de ideas y doctrinas… no es un grupo de pensamientos o lineamientos… es simplemente vivir por Cristo.  Para un cristiano vivir es Cristo, por lo tanto, también morir es lo mejor, porque detrás de todo esto, está Dios y Él estima grandemente la muerte de Sus hijos (Salmos 116:15). 
     
No significa que un cristiano no pueda derramar sus lágrimas en el fragor del dolor cuando la muerte ha tocado a su puerta, pues toda despedida produce tristeza; pero habrá esperanza en el valle de sombra de muerte, porque siempre habrá algo mejor detrás.

Solamente aquel que puede decir certeramente que su vida es Cristo, podrá decir que morir es ganancia.  Por lo tanto, vive tu vida trabajando por Cristo, luchando por el Señor, despertándote en la mañana para Él, sobreviviendo para el Todopoderoso, y esforzándote cada día para agradarle solamente a Él, entonces nacerá aquella esperanza… aquella convicción que tenía el apóstol al decir “para mí el morir es ganancia”, y la muerte solo será un paso más, un acceso abierto a algo mejor: “el premio mayor”.

Verdaderamente libres



Verdaderamente libres

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: si vosotros permaneciereis en mi palabra,  seréis verdaderamente mis discípulos;  y conoceréis la verdad,  y la verdad os hará libres. Juan 8:31-32.


Aunque creer es el principio de la salvación, para ser verdaderamente libres, creer no es suficiente, es necesario permanecer en la Palabra del Señor. Aquellos judíos que habían creído no eran libres todavía, porque no es suficiente creer en Jesucristo, la Verdad (Juan 14:6), es necesario conocerle, y esa Verdad nos dará real libertad.   

 Debemos permanecer en la Palabra que nos ha hablado, en Sus instrucciones, Sus deseos, y Sus órdenes.  


Si queremos ser libres de la esclavitud del pecado (Juan 8:34), y gozar de las bendiciones de la libertad, debemos avanzar más allá de ser simplemente creyentes, debemos tener una relación con Jesucristo para poder conocerle, debemos permanecer en cada una de Sus instrucciones y las cadenas de esclavitud, los cepos que nos apresan, serán quebrantados milagrosamente; y cuando el Señor nos hiciere volver de nuestra cautividad, seremos como los que sueñan, tendremos un verdadero descanso en nuestra alma, nuestra boca se llenará de risa, la alegría se dibujará en nuestros labios; nuestra lengua desbordará con alabanzas y todos los que nos rodean podrán ver que Dios está con nosotros, y seremos un testimonio vivo de la eficacia de Su Palabra (Salmos 126:1-2).

Fuente y no pozo

Fuente y no pozo

Mas el que bebiere del agua que yo le daré,  no tendrá sed jamás;  sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. Juan 4:14.

Aquel que bebiere de esta agua, sería una fuente... aquel que lograra encontrar ese líquido vital, gozaría de la bendición de que dicho líquido brotaría de su vientre.  Ya no tendría que esforzarse para sacar un odre con esfuerzo de aquel pozo... ya no tendría que sacar esa bendición por pequeñas porciones... ya no tendría que esperar para beber, porque esa agua saldría de su interior sin parar... ¡sería una fuente!  Fuente que brota sin parar, fuente de agua viva que salta para vida eterna sin igual, fuente que emana vida para dar y no para recibir, fuente de bendición que es altruista y nada egoísta. 

Si eres fuente, eres un dador y un adorador, que llega ante el Padre celestial con el único objetivo de bendecirle y sacar una sonrisa de sus labios... si eres fuente eres un agente de bendición para todo aquel que te rodea... si eres fuente, no eres pozo... no eres aquel pozo al que hay que llegar con frecuencia para sacarle a cucharadas algo bueno, no eres un pozo al que con esfuerzo se le saca una sonrisa, no eres pozo que solamente en cieras ocasiones levanta su alma en adoración, no eres un simple pozo que solo por momentos es dador y una bendición. 

Si eres fuente y no pozo, tienes mucho que ofrecer y lo ofreces sin parar, sonrisa plena sin inmutar, gozo inefable y eterno desde el corazón, los altibajos nunca son parte en tu emoción, pues has bebido de la fuente... has bebido del Señor.

Si aún eres pozo...  necesitas de aquella agua que Jesús nos ofreció... bebela y llénate de ella, y entonces seguramente y porfín te brotará una fuente de tu vientre para siempre.