El Descanso de la mansedumbre



Descanso para tu alma.


Mat 11:28  Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,  y yo os haré descansar.

Mat 11:29  Llevad mi yugo sobre vosotros,  y aprended de mí,  que soy manso y humilde de corazón;  y hallaréis descanso para vuestras almas;

Mat 11:30  porque mi yugo es fácil,  y ligera mi carga.


Cuando separamos los versículos de las Sagradas Escrituras, perdemos un sinfín de conceptos que claramente se nos plantean. 

A algunos solamente les gusta usar el versículo 28 donde hay una solución para los que están cargados y trabajados, así mismo, también usan el versículo 30 para sentirse consolados con una carga ligera y fácil, sin embargo, se olvidan del versículo 29, donde está la clave de todas estas bendiciones.


Primeramente: ¡Aprender!


No a todos les gusta aprender… quieren todo solucionado, sin hacer nada, pero “aprender” es la llave maestra de la solución a los que están cargados y trabajados, y es la forma de encontrar la carga fácil y ligera del Señor.  Debemos aprender la mansedumbre y humildad de Jesús, aprender a actuar como Él actuaría en tiempos de cargas pesadas del corazón. 


La mansedumbre es controlar tus reacciones y controlar tu espíritu... es dominio propio.  Aquel que tiene mansedumbre es más fuerte que el más fuerte (Proverbios 16:32), y puede poner la otra mejilla cuando es golpeado (Mateo 5:39); es alguien cuyo espíritu no quiere venganza, y por lo tanto vive tranquilo, sin rencores y descansando su alma en el Señor.  El humilde domina su orgullo, reconoce con sinceridad su condición delante de Dios, nunca será humillado porque el único que puede ser humillado es el orgulloso y por lo tanto  vivirá con paz interior.


Debemos aprender a ser como Jesús y eso nos dará verdadero descanso a nuestra alma, y conoceremos lo fácil y ligera que es la cruz que hemos de sobre llevar.

Como viendo al invisible



Como viendo al invisible


Heb 11:27  Por la fe dejó a Egipto,  no temiendo la ira del rey;  porque se sostuvo como viendo al Invisible.


A veces encontramos ese punto de contacto entre la certeza y el corazón, donde podemos estar seguros que aquello que no se ve está allí.    Es ese punto donde salimos airosos contra la incertidumbre, donde el miedo solamente es un aliciente para continuar en medio de la incógnita de lo que nos espera; podemos ver aquello que es imposible percibir… las consecuencias de caminar hacia allí no nos impiden el seguir.  Un paso al vacío… un grito de victoria en la derrota… algo que te hace estar seguro que aquello existe…  no requiere el esfuerzo de convencerte, simplemente lo ves porque tus ojos se han abierto...  no requiere un sistema o un proceso para verlo, no viene por un discurso teológico, no necesita una forma de lograrlo, pues solamente es un milagro.  Un milagro que solo Dios puede concederte cuando quiere.   

Moisés caminó en soledad en medio del tórrido desierto, sin rumbo fijo, poniendo todo su empeño en lograr llegar a donde no sabía, inspirado por la ira de Faraón aunque sin miedo a las consecuencias; Mirando con sus ojos naturales el polvo del inhóspito paraje, en el fondo de su propio corazón había una fuerza más potente que el viento que golpeaba en su contra… una fuerza increíble que vencía incluso el hambre que azotaba a su cuerpo, una fuerza poderosa que guiaba a sus endebles y frágiles rodillas a llegar a donde Dios veía.  

Era la fe que había nacido en aquel que tenía un propósito en los planes del Señor, no era el propósito de Moisés que pensaba que la libertad del pueblo de su Dios solamente vendría con los puños; no era lo que él quería o anhelaba.   Moisés no buscó esa fe, Dios se la dio sin vacilar cuando más la tendría que necesitar, pues la fe es un don de Dios.  Es un don que viene cuando Él habla Su Palabra y nosotros logramos distinguirla (Romanos 10:17)

Así mismo, cuando Dios necesita darnos esa fe que mueve las montañas, vendrá sobre nosotros, nos llenará y seremos instrumento del Todopoderoso en este mundo que en ese momento necesitará urgentemente de nosotros. 

Por lo tanto, estemos atentos los oídos, para que entonces se abran nuestros ojos y veamos como viendo al invisible.

Los escaparates del Hades

Los Escaparates del Hades


Mat 16:18 (2da parte)  ...y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Existe todo tipo de puertas...  pero existen aquellas que tienen que ver con la muerte.    Estas puertas llamadas por el Señor como las puertas del Hades, son aquellas que nos conducen a la muerte por medio del pecado, porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).  Estas puertas no prevalecerán contra la iglesia, pero el hecho de que no van a prevalecer no significa que no ganarán algunas batallas.

El enemigo deseará con todas sus fuerzas que entremos a ellas; sin embargo, por su medio, nunca podrá abrirlas, pues es Jesús quien tiene las llaves (Apocalipsis 1:18); por lo tanto tratará de influenciarnos para que "nosotros" nos encarguemos voluntariamente de acceder a ellas.  Pondrá mucha diligencia en poner atractivos en ellas, como rótulos luminosos que te llamen la atención para entrar, tal como los escaparates en los centros comerciales que te llaman al mostrarte lo que pueden ofrecerte. Tú verás los atractivos de aquella puerta, te seducirá debido a la concupiscencia de la debilidad y luego tú mismo te encargarás de rotar el picaporte.   

Pero no desconocemos las maquinaciones del enemigo, por lo tanto, antes de abrir cualquier puerta en tu vida... antes de tomar una decisión...  examina tu corazón... pregúntate si es por algún atractivo de la carne que lo harás, y si has sido seducido por un escaparate del Hades, entonces no toques el picaporte.  ¡Ten cuidado, porque pudo haber sido el enemigo quien te vendió la idea!

Como un niño otra vez

Como un niño...

Mar 10:15  De cierto os digo,  que el que no reciba el reino de Dios como un niño,  no entrará en él.

Un mundo de colores... un trabajo de juguete; dinero de papel pintado con crayones... jugando al importante, saltando entre las nubes y viendo todo al reves...  
!ser un niño otra vez¡

Sin preocupaciones, abriendo la despensa del Señor, cuando necesitas provisión... un abrazo en momento de aflicción, Papá Dios tu Superhéroe, y en gozo siempre volando tu imaginación. 
Quitando todo afán... confiando en el capitán...  siempre ganador, siempre vencedor.
!ser un niño otra vez¡

Vistiendo la armadura invisible del Señor, descansando al regazo del Creador, oyendo el latir de Su dulce corazón, jugando a las guerritas, y saliendo siempre triunfador.  No hay nadie que pueda detenerte, nada que pueda contra tí, el enemigo está vencido cuando tu mente está en e Reino del Señor.
!Ser un niño otra vez¡

Ser un niño otra vez significa vivir sin aflicción, esperando en el Padre proveedor, sin razón para afanarse, sin motivo de desesperarse, la inocencia es tu forma de ser, y la fe invisible tu forma de vida.  

Seamos como niños, guerreros en el Reino, valientes en el frente, ágiles cual felinos, descansando en el Señor y como siempre viendo al invisible.  Porque la clave está en la fe de un niño.  !sé un niño otra vez¡


Rap de la rutina



Rap de la rutina

Seis de la mañana, ha llegado un nuevo día
Luego te levantas, tarde como siempre,
No tomas desayuno, ni besas a tu esposa y no…
no buscas a Dios… te olvidas de Él.

Sales corriendo a la calle muy deprisa, 
manejas como loco en el congestionamiento
Pones en tu radio, música a todo volumen y no…
no buscas a Dios…  te olvidas de Él.

Siempre la misma rutina… ¡a trabajar otra vez!

Ya en el trabajo haces lo mismo de ayer… 
parece que en tu vida no hay nada más qué hacer
Siempre la misma rutina… haces lo mismo de ayer.

Un rayo de alegría ha llegado a tu vida, cuando miras que el reloj ha dado las seis
Es hora de salida, ha terminado ya el día…
pero tu rutina de ayer, has hecho otra vez.
Siempre la misma rutina… haces lo mismo de ayer

Llegas a tu casa, tu hija tiene fiebre
Sales corriendo y la llevas al doctor
Tienes que comprar más de una medicina y no…
No buscas a Dios… te olvidas de Él.
Siempre la misma rutina… haces lo mismo de ayer.

Todavía te preguntas, porqué te va tan mal, si tú…  eres un hijo de Dios…
¡Hay qué hijo de Dios!
No buscas a Dios… te olvidas de Él

Aquella bendita terquedad



La Santa terquedad.


Existe esa santa terquedad que tienen aquellos que como Jacob luchan por su bendición hasta recibirla, aún a costa del dolor que le produjo tal osadía; o aquella que llevó a esos hombres que después de haber intentado infructuosamente entrar por la puerta, a quitar un pedazo del tejado de una casa ajena, con tal de que su amigo recibiera algo del Señor.    

Está también aquella mujer sirofenicia que no se dio por vencida cuando Jesús calló ante su clamor, insistiendo aún cuando los discípulos le pidieron al maestro que la echara porque les era molesta, y siguiendo adelante a pesar de que Jesús la comparó con un perro, se humilló reconociendo su bajeza delante del Señor, porque necesitaba tan siquiera una migaja de Su mesa.


Esta es la terquedad santa que tienen aquellos que verdaderamente necesitan del Señor, que buscan y logran encontrar, que llaman hasta que se les abre, y esperan hasta recibir respuesta.  Es esa fuerza que tuvo Moisés al interceder por el pueblo pecador; es aquella capacidad que detuvo a José ante la tentación de la mujer de Potifar, con tal de recibir el cumplimiento de los sueños de su Dios, es el poder que mantuvo a David en el desierto o a Abraham esperando por su herencia, aún sin obtenerla; es el motor de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:12); es la valentía que mantuvo firme al Hijo del Hombre en el camino del Gólgota. 


Jesús, a esa santa terquedad le llamó “fe” (Lucas 5:19-20).   La fe te hace santamente terco, pues te hace caminar aún contra corriente, y aún contra conceptos, religiones e ideas que se opondrán naturalmente, pues la fe es la fuerza que se opone a lo natural, porque es sobrenatural.   No hay dolor tan grande que pueda aplacarla, no hay obstáculo más alto que pueda detenerla, no hay humillación que pueda someterla, es la santa terquedad de aquel que tiene fe… fe en el Todopoderoso.