Cicatrices


Cicatrices


Cicatrices que recuerdan dolores del pasado, la suerte que fue echada en su tiempo y nos trajo la desgracia de la herida.   Cicatrices que se han vuelto parte de tu cuerpo, característica infaltable de tu rostro, testigos silenciosos de accidentes sin sentido, que trajeron malestar y te dieron tristes sufrimientos.  Cicatrices que despiertan las memorias de la hora más difícil que has vivido.    

Sin embargo, solamente son puras cicatrices, heridas que han sanado y ya no duelen otra vez… cicatrices que no tienen más valor que el que tu mente les recuerda, valen menos que un penique si es que no sabes cómo te han venido.


Pero son aquellas cicatrices, que te hacen recordar los errores que has tenido; aquellas cicatrices que te hacen sabio al futuro.  Porque esas cicatrices te hacen dar mejores decisiones, te enseñan caminos superiores, tanto así que hasta consejos a los simples puedes dar a borbollones.  Pero lo mejor de aquellas cicatrices es que no te dejan olvidar que la herida que estuvo en su lugar ha sanado y jamás te dolerá.


Es así también con las heridas de la vida, aquellas que rasgan lo más hondo de tu alma; esas heridas que te duelen como nada en este mundo y hacen gemir en lo profundo de tu lastimado corazón; esas heridas un día no lejano serán simples cicatrices, que harán que te recuerdes que Dios te ha dejado un cuerpo en el que cualquier herida bien aseada, no importando el tamaño que ésta tenga, sin duda alguna, seguramente sanará. 

...y jamás debes olvidar, que Dios es un Dios que sana las heridas más horribles de la vida.




Obras... No declaraciones

Hacedores, no habladores 

15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16  y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?  Santiago 2:15-16 

En nuestros días existen muchas olas o modas doctrinales que intentan explicar bíblicamente, pensamientos humanos.  Una de ellas es la doctrina de las declaraciones, dándole exagerado valor a las palabras que decimos, sabiendo que ante todo, lo mejor es que seamos "hacedores de la Palabra" (Santiago 1:22) y que hagamos las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesiso 2:10).

Si declaras bendiciones para tu hermano, pero no le ayudas en lo que necesita, eres solamente un hablador y Dios quiere que actuemos, no solo que hablemos, porque nuestras acciones hablan mejor que nuestras declaraciones, pues la fe sin obras es muerta (Santiago 2:17).

Así es entonces que por más que declares prosperidad, si la haraganería es uno de tus defectos, jamás te llegará...  Por más que te declares Santo, si no te apartas del pecado, jamás lo serás... por más que declares un empleo como tuyo, si no te levantas a buscarlo, nunca lo obtendrás y por más que declares que Jesús es Señor de tu país, Si no cumples La Gran Comisión, jamás lo será.  
 


 

Pidiendo lo que queremos

Oración en tiempos difíciles

En aquellos días en que no podemos hacer nada más que dejar de esforzarnos en contra de las cosas imposibles... aquellos momentos en que nuestra incapacidad clama por un pronto auxilio... ese tiempo en que la enfermedad es más poderosa que los médicos, más grande que cualquier tecnología de última generación, más activa que la mejor de las medicinas del mundo. 
Esos días es cuando luchas por creer en el Dios Omnipotente, que nada lo detiene y hace posible lo imposible, doblas tus rodillas y haces oraciones.
Esos días no es suficiente con pedir que se haga Su santa Voluntad, no es suficiente decir que confiamos en que Él hará lo mejor en esa situación... es necesario expresar los deseos más intensos de nuestro corazón...  suplicar por un milagro, clamar misericordia y pedir esa imposible sanidad.

No te quedes por afuera de algo sorprendente, haciéndote pasar por un humilde servidor, aceptando lo que venga, sin pedir realmente lo que quieres.
Pidan... dijo el Señor... y se les dará; Busquen, y hallarán...  porque todo aquel que pide RECIBE y el que busca de seguro encontrará (Mateo 7:7-8).

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho (Juan 15:7)...  "lo que queremos" habla de nuestra voluntad y es eso lo que pedimos en los tiempos difíciles porque la Voluntad de Dios es parte de nuestras oraciones diarias, pero lo que queremos es parte de las extraordinarias. No olvidando que la voluntad de Dios siempre es lo mejor.
 




El secreto de Recibir nuestra petición a Dios


Recibir nuestra petición.


¿Cuál es tu pensamiento cuando le pides algo a Dios? 

¿Sientes como si llegaras con una persona inaccesible a solicitar alguna cosa, tal  como cuando le pides a tu intransigente jefe un aumento?
 ¿Estás completamente seguro de recibir lo que estas pidiendo?

Ciertamente, los reyes, las personas importantes y los jefes poderosos, siempre responderán de acuerdo a sus necesidades, carácter, y posibilidad y nosotros solamente tendremos el 50% de probabilidades de recibir lo que les pedimos, porque su respuesta será a veces un “Si” y otras un “No”.
Pero, aunque Dios es la persona más importante de todas, el Rey de reyes y el jefe de jefes… (Es algo intimidante verlo de esa manera, ¿no crees?); Él dice que lleguemos delante de Él con “confianza” (Hebreos 4:16) y que si permanecemos en Él y Sus palabras permanecen en nosotros, pidamos todo lo que queramos y nos lo dará (Juan 15:17)...  ¡Sí!, ¡todo lo que pidamos nos lo dará!
¡Todo!
Pero, ¿por qué a veces le pedimos cosas que jamás nos las da?
Santiago nos dice que no recibimos porque pedimos mal para gastar en nuestros deleites (Santiago 4:3), es decir que si pedimos bien, ¡siempre recibiremos!
Porque si lo que pedimos a un jefe, son cosas que ya están reglamentadas, por ejemplo, los quince días de vacaciones, un permiso por enfermedad o sencillamente un lápiz para completar nuestro trabajo… seguramente la respuesta siempre será un “SI”, y podremos llegar seguros de recibir lo que pedimos.  Por lo tanto es indispensable conocer aquellas cosas que tenemos derecho a pedir que están definidas en las Sagradas Escrituras y practiquemos a pedir y recibir.