Siervos útiles o inútiles



Siervos útiles o inútiles.

Así también vosotros,  cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado,  decid:  Siervos inútiles somos,  pues lo que debíamos hacer,  hicimos. Lucas 17:10.

Hoy en día muchas personas se cuidan de no perder sus empleos, porque se cuidan a sí mismos,  no tienen espíritu de servicio; trabajan solamente por un salario, no dan ni un minuto más de su tiempo a sus jefes, hacen solamente lo que tienen qué hacer, ni un poco más…  y por lo tanto viven exigiendo su pago.

De la misma manera, existen cristianos que cuidan de su salvación cumpliendo con todos los mandamientos de Dios… no quieren ser castigados, y esperan su salario al final de los tiempos… son estrictos en llevar a cabo al pie de la letra cada ley escrita en las escrituras, se sienten satisfechos con su forma de vida, pero sin embargo son catalogados por Dios como “siervos inútiles”… cristianos inútiles que solo se sirven a sí mismos.

Cuando guardamos los mandamientos de Dios, estamos cuidando nuestra salvación personal, pero distamos mucho en servir al Señor; porque el servicio es una actitud que va más allá de un salario... va más allá de la obligación pues es entregarse desinteresadamente sin esperar nada a cambio.  
Dios no quiere que hagamos solamente lo que debemos hacer… debemos ir más allá de la obediencia para ser siervos útiles.  
 
Seamos obedientes y guardemos los mandamientos de Dios fielmente, pero no nos quedemos satisfechos con eso, exijámonos más de lo que está escrito y el Señor nos usará poderosamente. 

Victoria sobre la tentación



Venciendo la tentación
Huye también de las pasiones juveniles y sigue la justicia,  la fe,  el amor y la paz,  con los que de corazón limpio invocan al Señor.  2Timoteo 2:22.

Cuántos de nosotros hemos leído cuando Jesús enfrentó al enemigo poderosamente con la Palabra, durante cuarenta días en el desierto; venciendo la tentación y haciendo huir al tentador diciendo “escrito está” (Mateo 4:11); y hemos pensado que tener muchos versos de memoria es la mejor manera de enfrentar la tentación.  Sin embargo, Pablo aconseja a Timoteo que era pastor de la iglesia de Éfeso a enfrentar la tentación de una manera distinta: “huyendo”.
Timoteo sabía mucha Palabra de Dios pues había sido instruido en ella desde pequeño (2Timoteo 3:15), debe haber sabido un sinfín de versos de memoria, pero habían pasiones en él todavía que no podía enfrentar solamente con saber la Biblia, había pasiones que tenía que alejar de su vida para poder vencerlas. 
Porque la tentación es más poderosa que nosotros cuando nuestra propia concupiscencia nos atrae y seduce (Santiago 1:14).  La tentación es como la fuerza de atracción del metal y el imán, entre la concupiscencia de la carne y el pecado; para evitar esta fuerza hay que alejar al metal del imán.   Para vencer el pecado debemos vencer nuestra concupiscencia, pues Jesús pudo enfrentar al tentador en toda área de Su vida porque no tenía concupiscencia en la carne, Él era perfecto, por lo tanto logró ser tentado en todo y no caer en el pecado (Hebreos 4:15).
Por lo tanto para enfrentar al tentador debemos distinguir aquellas áreas de nuestra vida donde todavía tenemos concupiscencia, porque todavía no somos perfectos; debemos entender que allí somos débiles y evitar cualquier pasión al respecto, huyendo de ellas y alejándonos lo más que podamos de esas áreas que se han convertido en más fuertes que nosotros.

Si tienes problema con la ira y no puedes contenerte cuando estás con cierto tipo de personas debes alejarte de ellas, hasta que por medio de la Gracia divina puedas matar esa concupiscencia; Jesús dijo que si un ojo te es ocasión de caer “arráncalo” (Marcos 9:47) refiriéndose precisamente a quitar aquellos agentes de concupiscencia de nuestra vida.  Si el televisor, el radio, esa agencia de banco, esas amistades o ese familiar te son ocasión de caer, huye de ellos, aléjate lo más que puedas y evita así el pecado.

El espejismo de la prosperidad del mundo



Lot y el espejismo de la prosperidad de este mundo

Y alzó Lot sus ojos,  y vio toda la llanura del Jordán,  que toda ella era de riego,  como el huerto de Jehová,  como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar,  antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.  Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán;  y se fue Lot hacia el oriente,  y se apartaron el uno del otro. Génesis 13:10-11.

Lot vio la belleza, verdor y prosperidad de la llanura del Jordán, y fue prendado por sus atractivos, no obstante, allí se encontraban Sodoma y Gomorra, ciudades símbolo del colmo del pecado.  Él escogió la comodidad, el placer y la prosperidad, pero lamentablemente esto trajo enfriamiento a su familia a tal punto que cuando Sodoma fue destruida, su esposa vio hacia atrás porque tenía el corazón en las maravillas que esa ciudad le podía ofrecer, convirtiéndose en estatua de sal; sus yernos decidieron quedarse antes que acompañar a sus futuras cónyuges, sus hijas sin ningún principio de justicia lo emborracharon cometiendo incesto… el justo Lot lo había perdido todo… su familia, su casa, sus pertenencias, su futuro… y todo lo había perdido nada más y nada menos que debido al espejismo de las riquezas.

Abraham no se dejó llevar por la apariencia de la prosperidad, decidió andar en el terrible y tórrido desierto, pero allí Dios le dio grandísimas promesas, anduvo con él, y además lo prosperó abundantemente.

Lot puso sus ojos en la prosperidad de este mundo y lo perdió todo, pero Abraham pusos sus ojos en Dios y terminó más próspero que él. Porque Dios no le dará riquezas al que las busca o que tiene su corazón en ellas, sin embargo, sí podrá darle riquezas a aquel que no las use para sí mismo, sino para la gloria del Señor (2Corintios 9:8).


Busquemos primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y Él nos dará todas las cosas que necesitamos… nada nos faltará (Mateo 6:33); pongamos la mira en las cosas de arriba, donde nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:2), no pongamos nuestra esperanza en las cosas de esta tierra, no fijemos nuestro propósito en ellas, porque las cosas de esta vida son solamente un espejismo; la riqueza es solamente "apariencia" y un gancho para atraparnos en la vanidad del mundo, porque el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Cuando la higuera no florece



Gozo en la escasez.

Aunque la higuera no florezca,  Ni en las vides haya frutos,  Aunque falte el producto del olivo,  Y los labrados no den mantenimiento,  Y las ovejas sean quitadas de la majada,  Y no haya vacas en los corrales;  Con todo,  yo me alegraré en Jehová,  Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Habacuc 3:17-18 

Cuando nuestra alegría y nuestro gozo están puestos en Dios, entonces todo lo demás carece de significado y ese gozo se convierte en la fuerza de nuestra vida para poder enfrentar cualquier tormenta o escasez (Nehemías 8:10).   La iglesia de los primeros años aprendió a gozarse en medio de las tribulaciones… Pedro y Juan salieron gozosos del concilio después de haber sido azotados (Hechos 5:41); La iglesia de Judea sufrió con gozo el despojo de sus bienes (Hebreos 10:34), Pablo y Silas cantaban alabanzas en la mazmorra más oscura y terrible…  Porque ellos no habían puesto sus ojos en las cosas materiales.

Los grandes hombres y mujeres descritos en Hebreos 11, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe,  no recibieron lo prometido (Hebreos 11:39), pero se mantuvieron firmes hasta la muerte, porque se gozaban en Dios y no habían puesto su esperanza en esta vida.

Cuando la higuera no florezca, cuando la escasez sea nuestra compañera, los negocios salgan mal, el dinero difícilmente se pueda ganar, nuestra despensa esté vacía, y no encontremos trabajo para subsistir, recuerda que tu esperanza está puesta en Dios... ¡Gózate en Él! y recibirás "esperanza" y las fuerzas para seguir adelante a pesar de todo.

Cuando Dios guarda Silencio



Cuando Dios calla.

1Sa 3:1  El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí;  y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días  no había visión con frecuencia.


En el tiempo que la Palabra del Señor escaseaba, cuando Dios había callado y hacía mucho que no había hablado a Su pueblo, en el tiempo del silencio… el joven Samuel sacó palabras de la boca de Dios.


“Samuel, Samuel” susurró el Todopoderoso al oído del muchacho… algo había visto el Señor en Samuel, algo había encontrado en él que le motivó a dejar el silencio.   El joven dormía en el templo a un lado del arca del pacto (1Samuel 3:3), lugar que solamente el Sumo Sacerdote podía visitar una vez al año nada más y no tenía linaje sacerdotal, era solamente un hijo de la tribu de Efraín, pero halló gracia delante de los ojos de el Señor. y entonces Dios volvió a hablar otra vez a un hombre… Dios volvió a dejar oír Su voz a Sus hijos.


En este tiempo también la Palabra de Dios escasea, pero el Señor no quiere callar, Él anhela encontrar gente que como Samuel estén dispuestos a no dejar caer a tierra ninguna de Sus palabras (1Samuel 3:19), quiere hablarle solamente a aquellos que valorarán Su voz como la perla más preciada.   Dios no quiere desperdiciar Sus Palabras con la gente de nuestros días, pero nosotros podemos salirnos del molde, podemos romper con lo común y abrir nuestros oídos espirituales, abrir nuestro corazón y “escuchar”… porque Él aún quiere hablarnos.

Nosotros podemos ser como el Samuel de nuestros días o coma aquella mujer sirofenicia que clamó delante del Maestro y aunque solamente escuchó el silencio del Señor al no recibir respuesta, clamó otra vez y aunque Jesús le humilló diciéndole que no podía darle un milagro a alguien como ella, ella insistió y al final de todo sacó una palabra maravillosa desde el corazón de Jesús.