Lo importante

El apóstol Pablo no hizo todo lo que hizo porque quería ser "importante", hizo lo que hizo porque era importante para Dios y eso lo hizo a él "importante" delante de muchos.

No te esfuerces por ser alguien en esta tierra y que digan grandes cosas de tí... no propongas en tu corazón luchar por obtener la gloria de este mundo... no pongas tus fuerzas en conseguir la fama...  no sueñes el sueño de los grandes...  vive para Cristo, porque eso es todo en la vida, pon todo tu corazón en lo que Él quiere que tú hagas y "hazlo" como lo más importante de la historia y seguramente sin darte cuenta estarás haciéndote importante, pero en el reino de los cielos.

Filipenses 1:10 PDT. para que distingan lo que es realmente importante de lo que no lo es. Así ustedes estarán limpios y sin falta el día en que Cristo vuelva

de oídas

De oídas..

De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Job 42:5  

Ese hombre que había pasado por fuego y que había recibido un ataque directo del enemigo en su carne… aquel que en un instante lo había perdido todo, pero en un gesto de valentía y apremio, simplemente se inclinó ante su Dios y le adoró… ese valiente que pudo arrodillarse en la peor de las tormentas y no solo para pedir una solución… ese varón que pudo soportar el peso más intenso sobre su alma, declarando que el Señor se lo había dado todo y tenía el derecho de quitarlo… Ese hombre de fe, bien sabía, que Dios tenía todo el control.   Él sabía que Dios estaba con Él, que al final saldría purificado como el oro (Job 23:10), y que siempre tenía un propósito para todo (Job 1.22).  

Sin embargo, cuando Dios le habló finalmente, simplemente le mostró Su gloria y poder… se presentó reprendiéndole por no entender de Su grandeza… le humilló mostrando su falta de conocimiento acerca del Señor… nunca le explicó por qué había permitido que el enemigo le tocara, nunca le explicó qué haría de su vida en el futuro, no le dio palabras de aliento a su debilidad, ni le arrulló entre sus brazos…  pero Job entendió algo mejor; entendió que de oídas le había oído y que no lo conocía en realidad.  Porque la fe no se alimenta con palabras de aliento, se  alimenta con el conocimiento del Señor, que es el autor y consumador de la fe.  Job, Simplemente al escuchar cómo era su Señor; entonces entendió, no la razón de su tormento, ni el propósito de su pérdida… sino lo grande de Su Dios, lo eterno que Él era y la soberanía del gran Rey.

Cuando vengan los problemas, las tormentas y el dolor… cuando te alcancen las dolencias, los conflictos y aflicción… Cuando en medio de las pruebas todavía te preguntes el ¿por qué?...  la única respuesta es porque aún solo de oídas has oído hablar de tu Señor.  
Cuando conozcas la grandeza de tu Dios, no preguntarás el porqué de esas penas… no dudarás de la razón.

Solamente conoce la grandeza de tu Dios, entra en Su presencia y observa sus virtudes, escucha Sus palabras, y mira su poder; entonces como Job tus ojos se abrirán y un poquito más le conocerás, y verdaderamente le entenderás (Jeremías 9:24).    



Evangelio para los evangélicos

Evangelio para  los evangélicos...

Muchas veces creemos que porque ya llevamos muchos años en la iglesia, ya no necesitamos escuchar el evangelio... queremos oír profundidades de acuerdo, según nosotros, a  nuestra edad espiritual; queremos escuchar de escatología, usamos la  hermenéutica, buscamos entender lo más escondido de los secretos de la Biblia... creemos que ya no somos niños que toman leche, nos sentimos padres espirituales, los mejores y los más grandes siervos de Dios, no obstante, seguimos siendo pecadores (Romanos 3:10), y no podemos negarlo (1Juan 1:8). 

Y si el evangelio es para que los pecadores se arrepentan...  mientras yo siga siendo pecador, seguiré necesitando el evangelio del Señor y por lo tanto tendré que seguirme arrepintiendo delante del buen Dios (Marcos 1.15).

No quiere decir que tenemos que aprender de nuevo los rudimentos de la doctrina de Cristo (Hebreos 5:13-14;6:1-2) si ya los sabemos, pero que los recordemos y los practiquemos cada día de nuestra vida.

Examinemos nuestros corazones engañosos y busquemos el don del arrepentimiento cada día, porque cada día seguimos siendo pecadores.



 



Por Envidia

Por Envidia

Llamaron a Jesús hijo de fornicación (Juan 8:41), decían que estaba poseído por Beelzebú (Mateo 3:22), y que por su nombre echaba fuera los demonios (Mateo 12:24), que estaba endemoniado (Juan 8:48,52), que era el mismísimo Beelzebú (Mateo 10:25), otro día dijeron que estaba fuera de sí (Marcos 3:21), le llamaron pecador (Juan 9:24) y que no procedía de Dios porque no guardaba el día de reposo (Juan 9:16), lo llamaron mentiroso, engañador (Mateo 27:63) y farsante, le atraparon como a un ladrón (Marcos 14:48),  le condenaron, declarándole ser digno de muerte (Marcos 14:64), pero en realidad lo estaban matando porque le tenían “envidia” (Marcos 15:10)...  esa envidia que envenenó sus pensamientos, pintando el carácter del Señor a su antojo, con el fin de destruir Su testimonio, concibiendo mentiras que brotaron de la ira provocada en sus ilusos corazones… manipularon las verdades y maquinaron pensamientos de venganza contra Él, debido al daño recibido en sus propios egos…  la mentira se convirtió en su mejor aliada, las verdades a medias en sus mejores testigos… se unieron contra el Santo sencillamente por los celos, porque Jesús tenía muchos más seguidores que los suyos, mejores hazañas y más grandes proezas que sus logros.

Esa envidia que de la misma manera irradia a muchos hoy en día por aquellos que saltan a la palestra de la gloria, y que son coronados por la fama… envidia que les lleva a constantemente hablar mentiras y verdades pero “a medias”, con el fin de destruirles…  envidia que los quema por adentro, llamándole falsamente un “celo santo por Jesús”… envidia por pastores y ministros que salen en la tele… envidia por iglesias alfombradas con butacas… envidia por evangelistas que manejan coches de último modelo… envidia por aquellos que la cruda realidad son mejores y más prósperos que ellos.


No te contamines con sus voces, sus palabras tienen dobles intensiones, es la envidia que carcoma a sus huesos (Proverbios 14:30), la que mueve sus razones, pues predican con oscuras pretensiones, porque es necesario que sepamos que algunos predican a Cristo por envidia (Filipenses 1:15), porque sienten que están en una competencia, y que lo mejor es ponerle zancadilla a los que van adelantando la disputa.


Cuando Dios hace milagros... pero en otros

Cuando Dios hace milagros… pero no en ti

Tal vez eres tú uno de esos cristianos que ven pasar los milagros en la vida de otros, pero estos nunca llegan a ti.   Sientes que Dios tiene preferencias y que tú no eres uno de los favoritos… ves pasar por la vida a aquellos que se glorían de lo que Dios ha hecho por ellos con fantásticas y asombrosas historias… pides y no recibes… buscas y no encuentras… llamas y no te abren.

Has llegado a creer que Dios no te escucha… has pensado que el Señor se ha olvidado de ti… te sientes abandonado y lo peor es que sabes que no tienes a dónde ir sino es al Señor tu Dios.

Pero, los héroes de la fe de Hebreos 11, aunque tuvieron mucho fruto de la fe que tenían, nunca recibieron lo prometido (Hebreos 11:39)

¿no te has dado cuenta que no tienes que ver milagros para amar a aquel que murió por ti, e hizo el milagro más impresionante dándote la vida eterna, que perdonó todas tus iniquidades y te rescató del agujero profundo del pecado?

¿No te has dado cuenta que los milagros son para que los pecadores se arrepientan, pero muchos no lo hacen (Mateo 11:21)?

¿No te has percatado que los que no vieron pero creyeron son más bienaventurados (Juan 20:29)?

No te detengas en ver los milagros que Dios hace en otras personas ¡Vive y goza el milagro de la vida eterna que Dios ha puesto en ti!  ¡aprovecha el regalo de la amistad que Dios te ofrece!... observa las promesas del Señor tal como Abraham, que creyó que su descendencia sería innumerable como las estrellas y recibió un solo hijo de esa promesa, pero por creerlo fue llamado amigo de Dios y vio el día del Señor (Juan 8:56).  Dios te ama a ti, y eso es lo que cuenta; ¡sigue adelante!




El que no ama... no conoce a Dios

El que no ama, no conoce a Dios

Puedes saber mucho de las Sagradas Escrituras, tener amplios conocimientos de griego y hebreo, cientos de horas de estudio de la Biblia, Escatología, Hermenéutica y miles de versículos de memoria…  puedes formar parte de la congregación más santa de todas, quitarte todos los placeres de la carne, practicar la abnegación y cumplir con todas las leyes y reglamentos habidos y por haber…  puedes vestirte recatadamente, comer solamente lo que levítico tiene permitido que comas, guardar el sábado o el domingo…  puedes hablar en lenguas, caer en el Espíritu Santo en los cultos y cantar como los ángeles o tal vez tener la fe más inmensa, esa que mueve las montañas, que sana a los enfermos, e incluso que levanta hasta los muertos, esa fe que te da muchos réditos en la vida o a lo mejor, tener el grado académico de doctor en teología… pero, si no tienes amor, de nada te sirve (1Corintios 13:1-3). 

Jesús nos amó, y lo demostró entregando Su vida por nosotros, que no lo merecíamos; por lo tanto, cuando nosotros amamos, entregamos nuestra vida por otros que no lo merecen, nos negamos a nosotros mismos por aquellos que nos han pagado mal, que han sido desagradecidos, que se olvidan de nosotros, que ni nos toman en cuenta cuando deberían, que no nos siguen ni van a nuestra iglesia, aquellos que nos dan la espalda constantemente, esos impíos que lo que merecen es la muerte.

Pero el amor es “fruto”, no “obligación”, ni se produce con esfuerzo… no se produce dando nuestra sangre o dinero por otro…  es simplemente producto de “conocer” a Dios (1Juan 4:7-8), no de conocer de Dios, que no es lo mismo; porque puedo conocer lo que se dice del rey de España en los periódicos, las revistas, los libros, los historiadores y hasta de su propia esposa, pero no lo conozco hasta tener una relación con él; así mismo, puedo conocer de pasta a pasta lo que dice Dios en Su Palabra, pero no lo conoceré hasta tener una relación personal con Él, y no tendré amor hasta conocerle.   

No andes creyéndote la única y verdadera iglesia del Señor, porque si no amas, no eres nada; busca “Conocer a Dios”, eso es todo.  Porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.  El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor  (1Jn 4:7-8), y para ver el Reino de los cielos, debes haber nacido de Dios (Juan 3:5-7), no de una congregación en específico.  

Examinémonos a nosotros mismos y si no amamos todavía, conozcamos a Dios, teniendo una relación personal con Él, hablándole constantemente y esperando escuchar sus respuestas.


Entonces ¿Quién podrá salvarse?



Entonces ¿quién podrá salvarse?



Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Lucas 18:26

Cada palabra… cada oración que ha quedado plasmada en ese libro maravilloso que llamamos Palabra del Señor…  cada regla y lineamiento… cada observación…  cada libro y mandamiento… cada carta y cada verso… están especialmente diseñados para que el hombre que se examina a sí mismo, el que busca la verdad… aquel hombre que lo que quiere es agradar a su Creador…  termine haciendo la pregunta que hicieran los discípulos que estaban con Jesús en aquella ocasión: ¿quién, pues podrá tener la salvación?

Porque cuando vemos que el requisito es la perfección, y nos damos cuenta que el pecado nace en la intención… que no podemos ser santos como pide el Señor… que no podemos ser justos pues lo que tenemos es impiedad de corazón…  lo único que podemos hacer es darnos cuenta que es imposible realizar lo que allí nos manda nuestro Dios.   No podemos amar al enemigo, ni mucho menos perdonar… pues la realidad es que no podemos vivir dejando de pecar.


Si el antiguo testamento tenía duros mandamientos… el nuevo lo puso más difícil pues nos dijo que era incumplimiento aún tener pecado de solamente pensamiento.

Pero para Dios no hay nada imposible, nada hay difícil para Él… y lo que era irrealizable para el hombre, en la cruz Jesús lo alcanzó.


Lo imposible transformándose en posible…  lo inadmisible tornado en aceptable… la quimera en una realidad… nuestra pregunta respondiéndose en la cruz.   


Jesús contesta nuestra duda en el madero…  Gracias Cristo por amarnos al morir en el Calvario… por llevar nuestros dolores y falencias… por cambiar nuestro futuro y reemplazar nuestro final...  hiciste posible lo imposible y transtornaste lo que en verdad nos merecemos.

La respuesta es Juan 3:16, porque de tal manera amó Dios al mundo que entregó a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda más tenga vida eterna