Como a tí mismo

Como a tí mismo...

Ama a tu prójimo como a tí mismo (Mateo 22:39)

Este texto NO nos enseña a amarnos a nosotros mismos... eso ya lo hacemos bien, sino a amar al prójimo de acuerdo a un estándar ya conocido.

No sabemos decir 'no' porque queremos quedar bien con otros para que nos acepten.   Descuidamos nuestra salud porque siempre comemos lo que más nos gusta.  Tenemos baja autoestima porque queremos ser mejores.  No estamos satisfechos de lo que somos porque queremos más...
Queremos ser los primeros, los mas sabios, los más grandes porque nos amamos tanto que damos la vida por nosotros mismos.

De esta forma debemos amar al prójimo...
Hagamos que otros queden bien, que coman lo mejor, que sean mejores, que tengan más, que vivan mejor...  que sean ellos los primeros, los mas grandes, los más sabios...
!Demos nuestra vida por el prójimo¡


Sobre la compasión de los justos



La Compasión de Jesús en los justos

Mat 25:37  Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?



Ellos no sabían por qué el Señor les decía que le habían dado de beber…  ellos no sabían cuándo le habían sustentado…  porque nunca lo hicieron pensando que lo estaban haciendo...   Recalco "nunca lo hicieron pensando que lo estaban haciendo"
Ellos simplemente lo hicieron porque de tanto andar con Él, su corazón se estaba pareciendo cada día más al del Señor Jesús y este corazón estaba actuando en ellos, estaban viendo la humanidad tal como Él la miraba, estaban sintiendo la compasión de Jesús en su corazón y actuaron en base a ella… estaban viendo con los ojos del Señor… estaban siendo como Él.  

Ellos no pudieron ver pasar la necesidad sin hacer algo, porque eran como Jesús… no pudieron hacerse los ciegos ante el hambre y la necesidad…  la unción estaba sobre ellos para dar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos… para poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor…  la unción estaba en ellos para darle de comer al hambriento, de beber al sediento, recoger al forastero, cubrir al desnudo y visitar al enfermo...  esa unción que no es más que la manifestación del amor y la compasión de Su Espíritu en los justos.
Porque si Jesús hubiera hecho todo lo que hizo solamente por obediencia al Padre, para quedar bien con Él, no hubiera sido por amor a nostoros y una de las verdades más importantes de lo que Él hizo por mí, fue que me amó y tuvo compasión de mi condición aún siendo yo un pecador, por lo tanto si yo doy de comer al hambriento por obediencia, pensando que lo hago para Jesús, no lo estoy haciendo por compasión y amor al prójimo, y no estoy siendo como Jesús que desinteresadamente se dió por nosotros, sin esperar nada a cambio y que sencillamente lo hizo por amor.

Pero, esta es la hora en que los justos se levantarán entre los pueblos, siendo como Jesús… haciendo obras mayores que las que Él hizo, porque serán millones de Jesús multiplicándose al mismo tiempo, venciendo al egoísmo, cubriendo multitud de faltas, usando de compasión con los hombres y haciendo la voluntad de Dios en esta tierra; visitando al enfermo, rescatando al caído, extendiendo su mano al necesitado, y aunque nunca lo hagan por el interés de hacerlo a Jesús para recibir Su gratitud, estarán poniendo en alto Su nombre y el Rey les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis Mateo 25:40. y les dirá: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo Mateo 25:34.



Hasta la muerte


Hasta la muerte…



Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte (Lucas 22:33).



Tú también estabas con Jesús el Nazareno –dijo impertinente aquella criada señalando con su índice esquelético… pero el mayor de los valientes tuvo un miedo de los peores, tal vez aquel momento le podía llevar hasta la muerte… pero ¿qué sería de su esposa y de sus hijos? ¿Quién cuidaría bien de ellos?  Acaso por un desliz de desventura o a lo mejor una quimera imposible que existiera, que aquel gran hombre verdaderamente pereciera o que de veras se cumplieran las palabras que  hacía unas pocas horas con arrojo él dijera  -estoy dispuesto a ir contigo no solo a la cárcel, sino también hasta la muerte (Lucas 22:33).   

 ¿A la muerte? Se cuestionaba aquel cobarde, que hacía unas cuantas horas había sido un valiente, pensándolo otra vez.   Porque muchas veces no somos capaces de hacer aquello que pensamos o anhelamos para agradar a nuestro Dios, nos acobardamos sin sentido pensándolo dos veces...  muchas veces cantamos miles de promesas al Creador que está en los cielos, sin embargo, le fallamos a lo grande cuando vemos venir la realidad.  



Somos habladores de grandezas pero hacedores de minucias, cantantes de promesas pero cobardes en las penas.   Pero como Dios es Dios también de los valientes que se han acobardado, amante de los pobres y Padre de los nadies; Dios que hace todo de la nada y aún la vacuidad convierte en maravilla, perdona a los que se han arrepentido y los transforma por Su gracia dando fuerzas de flaqueza y aliento cuando hay agotamiento.  Vio lo que nadie había visto en aquel triste varón, cuando él aún en medio de su espanto insistía en rechazar que hacía algún tiempo le había conocido, gritando una ensarta de improperios… Vio con gran amor a aquel mundano, sabiendo que un buen día verdaderamente cumpliría la promesa, de ir con Él hasta la muerte.



Años después... Pedro, cumpliría sus palabras pasando por la cárcel y caminando hacia la cruz (Juan 21:18-19), llevado por el cruel emperador de aquellos días, con el rostro levantado y sintiendo un gran honor de ser ciertamente inmolado.  Porque Dios se glorifica en los cobardes haciéndoles valientes, en los que tienen miedo dándoles confianza, levantando a los medrosos y haciendo de los débiles los más grandes de los fuertes.

Dios quiere que aquellos que se creen los valientes, entiendan que la verdadera valentía viene de lo alto y no de nuestras fuerzas... Dios quiere que el valiente se entere que es cobarde para que humillado hacia el polvo de la tierra, clame por denuedo y un buen día en medio de su triste cobardía reciba desde el cielo fuerzas verdaderas.








La Abnegación



La Abnegación:


Jesús entregó todo por nosotros en aquella cruz…
Se negó la libertad de vivir Su propia vida…
Se negó la libertad de tener Su propia casa…  su propio éxito… su propia familia y riquezas…
Se negó la vida por dárnosla a nosotros.

Si alguno quiere venir en pos de mí… si alguno quiere seguirme… niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame (Lucas 9:23), decía...  Porque Él quiere que todos sus seguidores sean tal como Él es y tal como Él fue… que seamos semejantes a Él y hagamos lo que Él hizo.


Jesús quería clonarse en Sus seguidores... quería que sus seguidores hicieran lo mismo que Él estaba haciendo: la abnegación.


Pero esa abnegación no era religión, esa abnegación no era quitarse la televisión para ser mejor persona o dejar de anhelar aquella casa para ser más agradable al Padre Celestial… No… Él se negó esos derechos para salvarnos a nosotros, se negó el derecho de vengarse de aquellos que le abofeteaban, escupían y crucificaban, con tal de salvarlos diciendo “perdónalos porque no saben lo que hacen”(Lucas 23:34). Porque de qué nos sirve negarnos a nosotros mismos por obtener la mejor de las coronas, si somos egoístas y no compartimos la gloria con aquellos que nos conocen y de qué nos sirve desprendernos de mil cosas en la vida, que nunca ayudarán a que otros hombres lloren arrepentidos sus pecados delante del altar de nuestro Dios.  

El que quiera salvar su propia vida la perderá, pero el que pierda su vida por causa del Señor, es decir por salvar a otros, la hallará. 
El apóstol Pablo hasta se hubiera negado su propia salvación haciéndose anatema con tal de salvar a otros (Romanos 9:3), eso es abnegación para salvación.

Niégate a ti mismo para otros…  Sálvales… Sé como Jesús.






Amor Eterno

Amor Eterno

Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3

¡Qué hermosa carta de amor de Dios, plasmada en estas palabras! Y ¡qué maravilloso acto de verdadero amor expresado en tanta misericordia!

Pero no podrás experimentar jamás el amor eterno con el que has sido amado si no logras conocer la paciente y extensa misericordia con la que has sido perdonado, y tampoco podrás entender esa amplificada misericordia sin entender tu enorme y terrible pecado… y tal vez no podrás entender tu pecado hasta no vivir alguna consecuencia de tu desvío, tal y como estaba sucediendo con el pueblo de Dios en el tiempo de Jeremías.

La misericordia es no recibir lo que merecemos y el que se sabe pecador necesita que se le prolongue esa misericordia; pero el que se cree merecedor de las bendiciones de Dios no ha entendido la realidad de su condición.   Somos pecadores, adúlteros y asesinos, mentirosos y blasfemos…  y no merecemos sino la muerte y la condenación, pero Dios muestra su amor, en que, aun siendo nosotros de esta naturaleza, se sacrificó por nosotros incondicionalmente (Romanos 5:8) y todavía ya perdonados y cuando descaradamente volteamos nuestros rostros de su presencia y nos volvemos atrás, queriendo otra vez poner nuestros ojos hacia Sodoma, aun así Él prolonga… extiende… alarga con paciencia su misericordia… teniéndonos paciencia (2Pedro 3:15) y motivándonos al arrepentimiento.    

¡Gracias Dios por tu amor eterno… Gracias por tu misericordia… gracias por el perdón de nuestras maldades… Gracias!



deseando la comida de los cerdos



Deseando la comida de los cerdos

Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos... Lucas 15:16 

Llega ese momento, cuando en medio de haberte distanciado del Señor, has tocado fondo, pero no te has percatado todavía…  cuando sin sentirlo has caído a los lugares más bajos de la tierra sin habértelo propuesto…  simplemente ha pasado mucho desde que le dijiste a tu Señor, que querías vivir tu vida sin ninguna restricción y poco a poco has llegado hasta allí.

Durante tanto tiempo te habías olvidado de tu Padre… aquel que te dio la vida y te hizo renacer… te olvidaste de las cosas buenas que había en Su casa que también era la tuya… te olvidaste de pedirle lo que necesitabas, gastando las riquezas que en herencia recibiste de Su mano, creyendo que jamás se acabarían.

Pero llega ese momento, cuando en medio del chiquero y la triste porquería…  miras la pocilga en la que tú mismo te has metido…  y caes en la cuenta que estás deseando la comida de los cerdos…  deseando sus desechos, anhelando alimentarte de aquello que a ellos les sustenta…    ese libro prohibitivo… esa página con fotos inmorales… aquel video que muestra lo más bajo de los instintos de los hombres…  Pero caes en la cuenta que no eres de los cerdos… eres hijo de los cielos y no es natural aquel anhelo… reparas en tu origen y recuerdas tus raíces…  es allí donde te viene a la memoria el cordero que comías en la casa de tu Padre.

Es entonces cuando un verdadero hijo de los cielos… un legítimo hijo del Maestro… un retoño del buen Padre Celestial… no puede más que salir de la pocilga y regresar a aquella casa… la casa de su padre…  su verdadero y bello hogar.

Si has caído o estás alejando a Cristo de tu vida… es lo mismo para todos, el fin de eso es la pocilga…  el fin de eso es querer alimentarse del sustento de los cerdos olvidando sustentarse del Cordero… pero no es natural ese deseo, no es normal aquel desvío… recapacita y vuelve a la casa de tu Padre… vuelve a tu casa, que tu Padre cambiará los andrajos de tu ropa, lavará tu cuerpo de aquel lodo cenagoso y con sus brazos extendidos te dará un abrazo paternal y hará fiesta en tu nombre pues te ama sin medida.