En la novena fila

La novena fila

A Fernando Parrado le tocó en suerte sentarse en la fila nueve de aquel avión que se estrellaría en los Andes... desde la fila diez para atrás el avión se despedazaría por completo y él quedaría vivo, para al final, salvar a un puñado de sobrevivientes que no tenían esperanza.

A veces amaneces en esa fila nueve, aquel lugar donde la desgracia y la vida se entrelazan con el propósito de salvar a otros...  Siempre habrá una razón para todo.

A los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan para bien Romanos 8:28

Como a tí mismo

El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:39

Amar a tu prójimo como a ti mismo, no se refería a que te debes de amar primero, porque está dando por sentado que te amas suficiente para dar tu vida por ti mismo.

Se refería a amar a otros como cuando amas la comida que te hace daño...  a amarlos como cuando en un naufragio lo primero que haces es salvarte a ti mismo...  amarlos como cuando prefieres la timidez que sacar tu ego de la zona de confort... 

Jesús nos está diciendo que amemos dando nuestra vida por aquellos que tenemos a nuestro alrededor. 


Hasta el último intento

Hasta el último intento

Nueve veces que Dios envió a Moisés a Faraón para sacar a su pueblo de la esclavitud, fueron  nueve intentos fallidos que trajeron cargas más pesadas sobre su prisión...  Nueve veces que aunque el siervo del Señor obedeciendo fielmente y al pie de la letra la instrucción que venía directamente del Todopoderoso,  se convirtieron en nueve veces que el fracaso se burló de aquel enviado, al salir de aquella puerta nuevamente derrotado.

Pero Moisés que era un hijo de victoria, un cachorro del león más poderoso, tal vez llorando o a lo mejor escoltando sentimientos de una grande frustración, se levantó todavía una vez más, obedeciendo aún contra la lógica...  Se levantó otra vez con aquella terquedad que nace en esos hombres que no se decepcionan de su Dios, esa terquedad que los hace llegar hasta el último intento por aquel  que los llamó desde la zarza...  Esa terquedad que al final de cuentas le llevó a ver milagros portentosos, esa terquedad que viene de lo alto, una fe que derrota los más bajos sentimientos, rompiendo esas cadenas de donde se suelen aferrar, porque todas esas veces que cae el justo, siempre se vuelve a levantar.

!Hijos del Omnipotente!
Este es el tiempo de intentarlo una vez más, de levantarte nuevamente, porque cada día de fracaso, ha sido un golpe más del ariete del Señor, una vuelta más al rededor de aquellos muros que quizá por fin, esté día caerán, y esta puede ser la hora que Faraón por fin te dé la libertad que hace tiempo estabas esperando.

Moises sufrió nueve fracasos a su petición de líbertad, antes de ver la victoria esperada...   Pero cada vez que salía derrotado de la presencia del duro Faraón, era un golpe del ariete del Todopoderoso debilitando a su opositor.




No existe éxito casual

Nada bueno resulta de la casualidad... 

Un par de zapatos de esos que se atan con correas, el teléfono "inteligente" que en estos días se ha vuelto indispensable, aquella canción dedicada a la persona más importante de tu vida o el piano que acompaña las mejores melodías...  el  infinito y extenso universo, la luna que manipula las mareas o el calor del sol que mantiene vida en el planeta...  Ninguna de estas cosas ha surgido por casualidad, y nada bueno surgió por accidente... Los azares del destino de ninguna manera serán causantes de aquello que nos es útil en la vida.

Porque jamás habrá cosecha si nunca se ha sembrado la semilla, y nunca un hombre de gran sabiduría, nacerá de padres descuidados y que han sido indiferentes.

Por lo tanto si quieres tener una medalla de oro de los juegos olímpicos, el campeonato de natación más importante de la historia, o por lo menos un día satisfactorio en tu trabajo... si quieres estar orgulloso de unos hijos que se entregan a tu Dios, una familia integrada y un matrimonio en unión indivisible tendrás que trabajar con gran esmero y valentía, hacer un plan que te guíe en el proceso y siempre con la guía de la Biblia, la Palabra del Señor.  

Cristian Larios

Corazones de diamante

Diamantes que brillan destellando orgullosos su belleza
valiendo un tesoro de precio incalculable...  escasos y deseados por los simples, dignos de ser apreciados por los reyes.

Gemas que merecen el mejor de los escaparates y que sean exhibidas y alabadas por todas las naciones.

Diamantes llenos de hermosura, creados con el tiempo, no obstante tan difíciles que son de quebrantar, como la más dura de las rocas de la tierra.

Corazones de diamante que se aprecian en sus dones, poderosos como reyes, inefables como pocos...  Corazones de Diamantes que se han vuelto infalibles, sin embargo, también  imposibles de moldear.

Corazones indomables que jamás podrán arrepentirse... tan valiosos delante de los hombres, pero despreciables delante del Señor.

Corazones de Diamantes incapaces de humillarse cuando comparecen ante su Creador, soberbios y arrogantes que no saben escuchar.

Los corazones de Diamantes mueven favorables opiniones en la tierra, pero en la balanza de los cielos no pesan ni siquiera un ápice...  Pidamos al Señor cambiar nuestros corazones y seamos como barro, aunque sea sin valor.

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.
Zacarías 7:12

La disciplina del amor

Ese día bajo la lluvia, aunque odiaba estar mojado hasta los tímpanos, y no podía soportar que la tormenta me azotara...
Aunque tal vez hubiera querido no andar a pie y que Dios me regalara un automóvil, o tener el dinero siquiera para pagar un taxi, o que en última instancia Dios me hubiera respondido ordenándole a las nubes que se retiraran...
Aunque el agua caía sobre mi, inclemente y no cesaría hasta que yo llegara a mi casa que estaba a 1 km de distancia...
Y como había aprendido, ese fin de semana en la iglesia, que si Dios me amaba iba a disciplinarme (Hebreos 12:6-7)... 
Pude entender que Dios me amaba... 
Pude saber que esa tormenta caía por mí...¡era por mi! , yo sabía que merecía un castigo peor que ese, porque haber sido empapado por una cuantas gotas de agua en realidad no compensaba mi desobediencia, pero la misericordia del Señor me había alcanzado, el perdón del Padre era evidente, la sangre de Jesucristo me estaba limpiando y esa misericordia había contrarrestado el peso de mi maldad, dándole balance a la justicia que estaba totalmente inclinada en contra mía.

No hay ningun sufrimiento en este mundo... ninguna tormenta... ningún desierto... no hay nada que pudiera balancear la justicia a nuestro favor... no podemos pagar con las tormentas lo que merecemos, pero si soy tibio he de ser metido en el fuego...  Si he sembrado es indispensable que el sol se oculte por un tiempo para dar paso a que llueva sobre mi y la semilla que está esperando en la tierra de mi corazón...  Es necesaria la disciplina porque Dios nos ama y quiere llevarnos a nuevas alturas.
Cuando somos hijos de Dios nos damos cuenta que nos ama, ya sea en las buenas, como en las malas.
Dios te ama...  ¡Ánimo!

El rey impío que gozaba la música de Dios

Es precioso gozar los tiempos musicales de alabanza en las reuniones de la Iglesia, pero si al salir de allí nos apartamos de la presencia del Señor, seremos comparables a Saúl, quien cuando David dejaba de tocar volvía a su tormento 

(1 Samuel 16:14-23)
Su desesperación rayaba literalmente en la locura, el vacío de su corazón le rasgaba el alma lastimando sus entrañas, el demonio que lo torturaba tomaba posesión de sus transtornados sentimientos... hasta que aquellas notas que salían de aquel instrumento musical que tocaba magistral aquel muchacho, le calmaban como liberandole de aquella fastidiosa amargura. 

La presencia del Señor se sentía en los colores musicales que bebía ese pobre y desdichado  soberano, que tomaba cuál si fuera un droga que aliviaba aquel dolor que constantemente le acechaba.

Porque un instrumento ejecutado para darle alabanza al Señor de toda gloria, es siempre un golpe poderoso a los tormentos orquestados en el fondo del averno... 

Y esa arpa que alababa al Señor dando música salida de los dedos del joven pastorcillo, era otra bala dirigida hacia el centro de la frente del angustiador.

David tocaba y Saúl se aliviaba... 
Pero cuando en la tarde regresaba en el silencio, el espíritu malévolo lo volvía a molestar...   Porque Dios se había apartado de su vida.

Así hay muchos hoy en día, que acercándose a los cultos van gozado del alivio de sus muchisimas angustias, al haber acompañado las canciones dirigidas para la alabanza del Creador,  pero saliendo de la Iglesia vuelven a lo mismo que en sus vidas ha venido molestándoles la paz de su pobre corazón...  Regresan a la vida separada del Señor, y así la ira vuelve tristemente a repetirse, el vacío los aturde nuevamente, la soledad les aplasta como siempre y la tristeza se apodera de sus almas como antes.

La solución es una vida sometida al Padre celestial, que llena los vacíos de nuestro corazón, y ahuyenta al enemigo que atormentaba nuestras almas...  Que ya no seamos cristianos de iglesia solamente, sino hijos cada día de nuestro bueno, amoroso y también misericordioso Dios.