Nacer de nuevo

El nuevo nacimiento

 ...El perro vuelve a su vómito,  y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2Pedro 2:22 2da parte)

Cuando un hombre ha hecho la oración del pecador, se arrepiente y ha pedido perdón por sus pecados, indiscutiblemente es perdonado y el agua de la Palabra ha quitado la suciedad de su cuerpo; así mismo cuando un hombre es ministrado y liberado de la podredumbre demoníaca que lo dominaba en su carne, ha sido hecho libre de la opresión.  Sin embargo, si su naturaleza no adquiere un cambio desde lo más profundo de su ser, y continúa viviendo sin adquirir de Dios la gracia para ser transformado, entonces, tarde o temprano lastimosamente volverá a ser el mismo de antes, o talvez peor (Lucas 11:24-26).

Es necesario cambiar nuestra naturaleza para dejar de regresar al fango; un cerdo no puede simplemente dejar de ser como es solamente por el hecho de ser limpiado, para ser cristianos necesitamos más que el perdón de nuestros pecados y más que ser liberados, necesitamos ser transformados.  A esta transformación Jesús la llamó "nacer de nuevo" (Juan 3:7)... antes éramos cerdos inmundos, hoy somos ovejas del prado del Señor.

Si un cristiano tiene probemas de volver siempre al pecado inicial y no puede dejar de caer y caer y volver a caer, significa que no ha sido transformado aún y obviamente no ha nacido de nuevo; Es necesario nacer de nuevo, del agua y del Espíritu.

Para ser transformados debemos renovar nuestro entendimiento (Romanos 12:2), y el buen entendimiento se adquiere practicando la Palabra de Dios (Salmos 111:10), y para practicar los mandamientos del Señor necesitamos fe que viene por oír esa Palabra maravillosa del Todopoderoso (Romanos 10:17).  Recordemos que vivimos por la Palabra que "sale" de la boca de Dios (Mateo 4:4), así que la vida eterna depende de cuánto oímos Su Palabra cada día.

Si somos de esas personas que aún no han nacido de nuevo, busquemos la Palabra en mandamientos que nos guíen a ser transformados, practiquemos aquellas órdenes que el Señor nos diga y por último pidamos a Dios el milagro del nuevo nacimiento, pues Dios hace que lo imposible sea posible.

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