la tribulación como necesidad



La necesidad de tribulación


Confirmando los ánimos de los discípulos,  exhortándoles a que permaneciesen en la fe,  y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.  Hechos 14:22.


Es necesario que a través de “muchas tribulaciones” entremos en el Reino de Dios.  
Comer, dormir, y respirar son una necesidad, pero aunque parezca increíble e ilógico, también lo son los problemas, los dolores, las aflicciones, las persecuciones, y las angustias. 


Dios quiere formar de nosotros Reyes y Sacerdotes, pero para lograrlo tiene que dejar que aprendamos en medio de la Prueba, tiene que hacernos pasar por el desierto para llevarnos de Egipto, la tierra de la esclavitud, hacia Canaán, la tierra que fluye leche y miel.  


No hay Reino sin prueba, por lo tanto debemos prepararnos para no desmayar, porque es un hecho que vendrán las tribulaciones. Tenemos que estar dispuestos a permanecer en la fe, como David que fue probado en medio de persecuciones e incómodos exilios, pero venció la tentación de darse por vencido y pacientemente esperó que Dios le llevara al trono, aunque tuvo oportunidades doradas para lograrlo por sí mismo, terminando así con sus problemas.  Esto hizo que Dios le levantara muy en alto, hasta convertirse en el ícono del reino de Israel.


Es necesario que a través de muchas tormentas, aflicciones y dolores entremos en el Reino de los Cielos.  Jesús dijo que en el mundo tendríamos aflicción, pero que debíamos confiar porque Él había vencido al mundo (Juan 16:33).  Por lo tanto soportar las tribulaciones nos hace “vencer” al mundo, y esto es necesario.


No nos desanimemos en medio de la Prueba, pues logrando esto, Dios nos hará subir de nivel. Recordemos que la senda del justo es como la luz de la aurora que va en aumento hasta la perfección (Proverbios 4:18).   Si te está costando caminar es porque estás subiendo, pues cualquier senda que va en aumento, cualquier camino que sube, se vuelve dificultoso y traerá cansancio; pero si nos centramos en el premio, si dejamos a un lado el vituperio, si nos concentramos en el gozo puesto delante de nosotros (Hebreos 12:2), menospreciaremos el oprobio y nos sentaremos en el trono preparado para nosotros en el reino de Dios.