Porque comiste el pan y te saciaste

¿Siguiendo Jesús por los milagros?

Respondió Jesús y les dijo:  De cierto,  de cierto os digo que me buscáis,  no porque habéis visto las señales,  sino porque comisteis el pan y os saciasteis (Juan 6:26).

Jesús había tenido compasión de esa gente, les había enseñado y alimentado milagrosamente, se habían saciado, y habían visto las maravillas de Dios obrando para su beneficio. Cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, habían comido de aquellos panes de cebada y aquel par de pececillos.  Ellos habían sido grandemente bendecidos, querían y necesitaban seguir recibiendo esa dicha del Señor, por lo tanto, le buscaron afanosamente por todos lados, cruzaron el mar queriendo encontrarlo, hasta que al llegar a Capernaum, lo lograron.   Sin embargo, ese esfuerzo que pusieron por encontrar a Jesús para recibir su milagro, fue reprendido por el Señor. 

Jesús quería darles ese milagro, los vio, tuvo compasión, y les proveyó... ellos ni siquiera tuvieron qué pedirle de comer, simplemente Él quiso hacerlo debido a Su infinita y gran bondad, pues Él conoce de qué tenemos necesidad, aún antes de que se lo pidamos (Mateo 6:8); pero otra historia fue cuando ellos fueron los que interesadamente lo buscaron para encontrar en Él algún otro "milagro"; no lo hicieron por encontrarlo a Él, conocerlo, amarlo, sino para encontrar el beneficio de estar a Su lado; Jesús prácticamente se escondió de ellos, cuando caminó por la noche sobre el agua para que no supieran por dónde se había ido, y al no haber subido a ningún barco donde ellos pudieran indagar.
Así como ellos... todos nosotros también quisiéramos recibir algún milagro del Señor... quisiéramos conocer Su poder y Su gloria... queremos ver las maravillas del Omnipotente, necesitamos ser alimentados por Él, queremos "ver para creer", como Tomás. Sin embargo, nos es tan difícil amarle por lo que es y no por lo que hace.  

Imaginémonos que nuestro cónyuge estuviera con nosotros solo por nuestro dinero, sería verdaderamente lamentable; y eso es exactamente lo que hacemos cuando seguimos a Jesús solamente por Sus milagros.
Que al final de la jornada, no nos diga Jesús, "me siguieron, porque les di de comer y se saciaron", sino mas bien que podamos oír: "Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia"