Sanidad de las heridas



Sanando las Heridas


aquel hombre... al que hemos dado en llamar simplemente "El Buen Samaritano", símbolo de nuestro amoroso Señor Jesucristo, no tenía miramientos en ayudar a los desvalidos... su gran misericordia fue evidente al rescatar a aquel pobre hombre y vendar sus heridas... esas heridas que el dolor hacía que fueran evidentes...  Aquel Buen Samaritano tomó al herido, lo llevó al mesón, pagó la cuenta, lavó sus heridas, las purificó con agua, las esterilizó con vino y las refrescó en ese aceite que lubricando el sitio del dolor, consoló el sufrimiento de aquel transeúnte que por azares del destino, asaltado había sido de los hombres impíos e insensatos en un sucio y cruel desatino, y por último las tapó, cubriéndolas con vendas.


Ese Buen Samaritano, nuestro misericordioso Señor y Dios, también nos ha tomado en medio del quebranto, nos abrazó cuando el inconsolable llanto, hacía alarde sobre nosotros de dominarnos tanto...   Nuestro Buen Samaritano, lavó nuestras heridas, las limpió con delicadeza santa, quitando impurezas e inmundicias, quitando los agentes que al final se hubieran convertido en pudrición y maloliente destrucción...  pagó la cuenta...  nos puso vino en las heridas, que aunque dolió en su aplicación, mató el rencor y la amargura, mató aquel odio que se hinchó con cada golpe, aquel ardor del corazón, aquella falta de perdón...    nos puso ungüento con aceite de la oliva, unción de alivio al corazón, Espíritu Santo dueño de real consolación y cuál si fuera poco, al final cubriendo esas heridas las vendó, para que nunca más, al continuar nuestras andanzas, se contaminaran otra vez y separar así, las heridas en proceso de limpia sanidad, de las inmundicias de este mundo, protegiéndolas de la amargura rencorosa y la horrible suciedad.


Con el paso de los años, seguimos caminando… continuamos en la brecha, rasgándonos otra vez, de vez en cuando… nuevas y dolorosas heridas vuelven a surgir… nuevas razones para odiar, nuevos motivos para amontonar legiones de rencor,  nuevos golpes para guardar la rabia… nuevas causas para seguir necesitando nuestro Buen Samaritano, quien otra vez sin miramientos… con afán incondicional… nos toma con amor…  lavará esas heridas, con vino de gozo tratará nuestra inmundicia, con Su Espíritu de oliva consolará nuestros dolores, nos cubrirá con su manto en compasión, y nos cuidará de contaminación, y de falta de perdón.  En esos momentos de dolor que rasgan el alma en aflicción, recuerda a aquel que con amor tratará de nuevo, puñaladas, cortes, desgarraduras y toda serie de tribulación.


Tal vez no podamos evitar ser heridos, pero si podemos aceptar el ser curados… déjate limpiar con el agua pura de la Palabra… déjate aplicar el vino del gozo del Señor que arde al purificar… permítele que use de su aceite cicatrizante sobre ti… deja que te cubra separándote de lo impuro y verás que nunca será un esfuerzo el perdonar y aún amar a nuestros más grandes enemigos.

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