Nuestro Combate



La Batalla


Hebreos 12:4  Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado…


Si bien es cierto no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, y contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12); los exorcismos no son nuestra batalla… nuestra guerra no se gana con andar diciendo que atamos enemigos a diestra y siniestra… nuestro combate no es ganarle a la pobreza material de nuestra vida…  nuestra lucha es “combatir contra el pecado” y combatir contra el pecado es atar verdaderamente a nuestros enemigos, porque cuando evitamos el pecado, no los dejamos actuar.    El pecado es su arma más poderosa, es nuestra kriptonita, y nuestra mayor debilidad en la lid.    Los demonios no tienen poder contra nosotros a no ser cuando el pecado les abre las puertas, pero son vencidos fácilmente cuando nuestras armas son “armas de justicia” (2Corintios 6:7) y una de nuestras armas más poderosas para huir del pecado es "el arrepentimiento" porque mediante la sangre de nuestro Señor Jesucristo limpia los pecados.

Para vencer gobernadores, para ganar la batalla a los principados, para derrotar las potestades, debemos huir del pecado; porque huir del pecado no es cobardía… cobardía es no querer usar “la justicia” como arma en nuestra vida… cobardía es huir de la santidad… es huir de esforzarnos en la Gracia divina…  cobardía, es querer quedar bien con el mundo y evitar el compromiso delante de nuestro Dios.


Qué fácil sería que un par de gritos hicieran huir al enemigo... pero no es así, el enemigo huye de nosotros por "la obediencia"

(ver Deuteronomio 28:1 y 28:7 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy… Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.).

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