Límites

Cuando los caminos corren a los lados del abismo, lo mejor y más seguro es ponerle buenos límites y entre más lejos estés de aquellos límites, más lejos estarás también de resbalar.

Límites que nos libran del riesgo de caer en los precipicios de la muerte...    límites que impiden que camines hacia donde tú no deberías... límites que parecen  desperdicio de recursos o poco útiles para aquellos que con gran pericia y experiencia pueden manejar sin resbalar por la ladera... límites que pueden librarte de accidentes aparentemente imposibles... límites ridículos para aquellos que se creen invencibles...

Límites que pueden ser la única razón por la que seas acusado de un inútil caminante.  Y aunque tal vez hoy te critiquen... o quizás hasta se burlen por su causa, mañana estarás agradecido por haber forjado aquellos topes que serán vida y paz a través de tu corta andanza en este mundo.

Pon como tus límites los mandatos del Señor... limítate a ti mismo aquellas cosas que puedan desviarte hacia el pecado, o incluso simplemente hacia tu ego...  no te acerques ni una yarda a sus fronteras... aléjate de estar en la ladera... y verás prosperidad en tu camino y nada te hará caer en el abismo.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Josué 1:8.




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